Que nuestro País se paraliza en verano, no es ninguna novedad. Posponemos reuniones, visitas, actos e incluso posponemos la toma de determinadas decisiones y con la frase “después de vacaciones “marchamos desde nuestra rutina hacia ese rinconcito donde tomaremos nuestro más que merecido descanso estival… Algunos incluso con la falsa sensación de que “todo mejorará después del verano”
Pero en nuestro entorno, donde se desarrollan los acontecimientos que más impacto tienen sobre nuestras vidas, nada se detiene y, más a menudo de lo que parece, algunos de los más notables ocurren en esos momentos.
En los últimos años, desde diversos ámbitos y desde diferentes disciplinas académicas, se han venido imponiendo diferentes líneas de pensamiento que analizaban aquellos elementos que nos permitirían como país afrontar con garantías los nuevos retos de nuestra economía en un mundo globalizado. Estas corrientes, sitúan entre otros elementos necesarios la necesidad de avanzar en la sociedad del conocimiento y especializarnos en aquellas actividades productivas denominadas de “alto valor añadido”.
Por tanto, parece superado aquel falso discurso de que nuestra economía solo podría alcanzar un nivel óptimo de competitividad en base a la reducción de salarios y precarizar aún más el mercado laboral, máxime cuando aquellos que hacen servir estas recetas, nos superan en mano de obra disponible a la hora de realizar tareas de “escaso valora añadido”. Nuestra economía en definitiva debiera evolucionar hasta parecerse más a la economía de los países nórdicos que a los países de norte de África.
Estamos en definitiva, ante un cambio radical en nuestra manera de hacer y sobre todo en nuestra manera producir, ahora bien, este reto, supone entre otros, hacer frente a las denominadas “reformas estructurales”, reformas que tomando como base la educación y la formación, caminen en paralelo a las otras reformas que garantizaran el éxito (infraestructuras, mercado laboral, etc) Debemos por tanto ser más eficientes y más competitivos frente al resto del mercado; consiguiendo abrir más la economía española a la competencia internacional.
El segundo reto es el de la nueva economía, es decir, el desarrollo de toda la economía de los servicios basada en el conocimiento y la innovación, será la gran especialización de los países de la OCDE frente al resto del mundo en el siglo XXI. Para conseguir un desarrollo de la nueva economía y/o una adaptación rápida a ella hace falta un nivel de capital humano elevado y una enorme inversión en I+D+I. A menos que se realicen inversiones masivas por las empresas y el Estado en educación y formación y en I+D+I va a ser difícil que España mejore su posición relativa actual.
Desde las organizaciones de autónomos llevamos más de 10 años trabajando en esta dirección e influyendo, como no podía ser de otra manera, sobre todos aquellos implicados que de una manera directa o indirecta desde su ámbito competencial pueden trabajar de una manera decida en la consecución de dichos objetivos. Empezando por nuestros propios socios y afiliados, continuando por las diferentes organizaciones que los engloban, y los gobiernos y administraciones en sus diferentes niveles funcionales (local, autonómico y central).
Hay que seguir apostando por la investigación y por la educación si no queremos que nuestros hijos vivan peor que nosotros. No hay otra alternativa. El camino no será ni fácil, ni rápido, ni está garantizado el éxito, pero es el único posible. La alternativa implicaría relegarnos, nosotros mismos, a un papel secundario y subalterno. Es necesario mantener el rumbo, a pesar del temporal, y resistir la tentación de recortar en lo que debe ser la base de nuestro futuro".
Por tanto, cuando parece que todos están en ese denominado camino de la excelencia (ámbito universitario, partidos políticos, sindicatos, patronales, organizaciones de autónomos) y observamos en los próximos Presupuestos Generales del Estado que Los organismos públicos de investigación sufrirán una reducción presupuestaria cercana al 30%, o que en materias como Becas de investigación, contratos de investigación lo harán en un 37%, debemos preguntarnos seriamente si alguien se ha perdido en el camino. Pero resulta aún más paradójico escuchar de un Ministro la mañana anterior que hay que trabajar de una manera decidida por recuperar la demanda interna para reactivar la economía, y por la tarde escuchar en voz de miembro del Gobierno que se aumentará el IVA.
Aún así desde las organizaciones de autónomos seguiremos con nuestro claro compromiso de avanzar por el camino de la excelencia y si realmente deseamos que nuestro futuro y nuestra prosperidad continué en nuestras manos, todos y todas debemos implicarnos. Llevamos años viviendo y transmitiendo entre los que nos rodean los valores de la igualdad, la justicia social… por que no incorporamos este nuevo valor, hagamos que la lucha por la excelencia entre a formar parte de todo lo que nos rodea. Sin duda los trabajadores autónomos sabemos muy bien de que estamos hablando y de lo que supone competir “con valores” en momentos tan duros como el que estamos atravesando, pero sin duda, esta lucha como tantas otras, ha de hacernos mejorar, como autónomos y como personas.